MONÓLOGO TEATRAL



MONÓLOGO TEATRAL

“TRAS LA VENTANA”

De Isabel Costa (versión dramatizada)


(La escena está casi en penumbra. Una luz cálida entra por una ventana. La mujer está sentada en una silla de ruedas. Mira hacia afuera. Pausa larga.)


A través de mi ventana… pasan todos mis fantasmas.

(Se ríe suavemente.)

Sí, mis fantasmas… pero no me asustan. Ya no.


Desde aquí puedo ver mi niñez…

(Se inclina levemente hacia adelante, como intentando alcanzar algo.)

Puedo ver a esa niña que fui. Curiosa, inquieta. Demasiado sensible para un mundo tan grande.

Luego aparece mi juventud… con toda su rebeldía.

Y mi madurez… con sus dolores… sus aciertos… sus tropiezos.


Hay momentos en los que no me gusta lo que veo.

(Pausa.)

Pero he cambiado.

Y aunque ahora no pueda moverme de esta silla, mi mente sigue despierta.

Eso… eso se lo agradezco a Dios cada día.

Porque puedo recordar.

Y al recordar… puedo transformar penas en alegrías.


Jesús nos dejó el camino claro… tan claro.

Amarnos unos a otros.

Seguir sus pasos.

No olvidarnos de nuestro Creador.

(Pausa, vuelve la mirada a la ventana.)

Pero claro… cuando digo estas cosas en voz alta… delante de los míos…

(Con ironía cariñosa).

“Ahí está la abuela otra vez con sus cosas”.

Y se ríen.

Pobres… todavía no lo entienden.


¡Ser felices!

(Elevando la voz con dulzura, no con fuerza.)

Esa es nuestra misión.

Aunque no seamos perfectos… aunque nos falte tanto por aprender.


La vida es hermosa.

Nos da oportunidades… a todos.

Pero a veces no sabemos cuáles son nuestros propósitos… y nos perdemos en simplezas.


(Pausa larga. Su rostro se ilumina con un recuerdo.)


Veo a mi viejo…

Contándonos historias interminables… que no eran cuentos, no… eran su vida.

Nos sentábamos a su lado, con una vela iluminándole la cara…

Y él nos hablaba de la guerra civil… de sus miedos… de sus heridas.

Los jóvenes del barrio venían a escucharlo.

Organizaba fiestas, concursos… teatro…

En su casa siempre había ruido.

Siempre había vida.


(Pausa)

Y yo… crecí.

Y con esa rebeldía que llega sin pedir permiso, me apunté a un partido político contrario al suyo.

Busqué otras religiones.

Quise entenderlo todo.

Fui la oveja negra de la familia.


Y tuve que irme.

Y el destino… me llevó a su país.

España.

Viví en la ciudad donde arrestaron a mi abuelo…

Donde lo golpearon hasta que nunca más pudo mover su cuello.


Recuerdos…

(Con gravedad.)

Recuerdos que enseñan.


Comprendí, entonces, que no vale la pena discutir por ideas contrarias.

Que los extremos… todos… son malos.


(Pausa. Mira al público directamente por primera vez.)

Por eso, desde esta ventana… desde mi quietud… les observo.

Y ruego a Dios que nos dé comprensión.

Que nos dé perdón.

Que nos dé amor.

La verdad… al final… siempre vence.


(Cierra los ojos un instante. Suelta el aire con serenidad.)

Gracias, Señor.


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Aquí dejo el escrito original que me publicaron

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